El Reglamento (UE) 2025/40 sobre los envases y residuos de envases, conocido como PPWR, establece un marco común para toda la Unión Europea. Su finalidad es reducir la generación de residuos, mejorar la circularidad de los envases y disminuir el uso de materias primas vírgenes.
Para los fabricantes, envasadores, importadores y distribuidores, el PPWR implica revisar mucho más que el diseño del packaging. También obliga a plantearse cómo se identifica cada envase, qué información deberá acompañarlo y cómo se podrá demostrar su conformidad y trazabilidad.
Aclaración importante sobre las fechas del PPWR
El Reglamento (UE) 2025/40 entró en vigor el 11 de febrero de 2025, no el 12 de febrero. Con carácter general, comenzará a aplicarse el 12 de agosto de 2026, aunque numerosas obligaciones concretas cuentan con calendarios posteriores, actos de ejecución pendientes y periodos específicos de adaptación.
Conviene diferenciar estas dos fechas:
- 11 de febrero de 2025: entrada en vigor del Reglamento.
- 12 de agosto de 2026: fecha general de aplicación.
Esto no significa que todas las exigencias sobre reciclabilidad, contenido reciclado, etiquetado o reutilización deban cumplirse íntegramente en agosto de 2026. Algunas comenzarán a exigirse en 2028, 2029, 2030 o años posteriores. Por tanto, cada empresa deberá revisar el calendario aplicable a sus tipos de envase y actividad.
¿Qué es el PPWR y por qué afecta a tantas empresas?
Hasta ahora, buena parte de la regulación europea sobre envases se articulaba mediante una directiva que debía trasladarse a la legislación de cada Estado miembro. El PPWR es un reglamento europeo y, como tal, es obligatorio en todos sus elementos y directamente aplicable en los países de la Unión Europea.
Su ámbito es amplio porque afecta, con las particularidades y excepciones previstas, a los envases independientemente del material del que estén fabricados y del sector en el que se utilicen. Esto incluye, entre otros:
- Envases primarios que están en contacto con el producto.
- Envases secundarios que agrupan varias unidades.
- Embalajes de transporte y logística.
- Envases comerciales, industriales y utilizados en comercio electrónico.
- Soluciones reutilizables o incorporadas a sistemas de retorno.
Por ello, el Reglamento interesa tanto a una empresa alimentaria como a un fabricante de cosméticos, una compañía farmacéutica, un proveedor de componentes industriales o un operador logístico.
¿Qué pretende conseguir el nuevo Reglamento?
El PPWR busca abordar el impacto ambiental del packaging durante todo su ciclo de vida. No se limita al momento en que el envase se convierte en residuo, sino que introduce requisitos desde su diseño y fabricación hasta su utilización, recogida, reutilización o reciclaje.
En términos prácticos, la regulación persigue cuatro grandes objetivos:
- Reducir la cantidad de envases y residuos generados.
- Diseñar envases que puedan reciclarse de manera efectiva.
- Aumentar progresivamente el uso de materiales reciclados.
- Impulsar la reutilización y el rellenado cuando resulte aplicable.
La Comisión Europea señala que el crecimiento de los residuos de envases y los niveles insuficientes de reutilización, recogida y reciclaje dificultan la transición hacia una economía circular y resiliente.

Principales cambios que deben tener en cuenta las empresas
Diseño y minimización del envase
Una de las ideas centrales del PPWR es que el envase debe utilizar únicamente el peso y volumen necesarios para cumplir correctamente sus funciones.
Esto no significa eliminar sin más material protector. Una reducción mal planteada puede aumentar las roturas, las devoluciones o el desperdicio del producto, generando un impacto ambiental incluso mayor. El reto será justificar técnicamente que el envase mantiene la protección, seguridad, higiene, logística y presentación necesarias sin incorporar material innecesario.
Para muchas empresas, este proceso requerirá revisar:
- Espacios vacíos en cajas y embalajes.
- Grosor y peso de los componentes.
- Elementos puramente decorativos.
- Dobles envases que no aportan una función demostrable.
- Diseños que dificultan la separación de materiales.
Envases diseñados para el reciclaje
El Reglamento introduce criterios para evaluar la reciclabilidad de los envases. Está previsto que esta se exprese mediante grados de rendimiento y que, desde 2030 o desde la fecha posterior determinada por los actos correspondientes, los envases que no alcancen las categorías admitidas no puedan comercializarse.
Esto obligará a valorar el envase como un conjunto. No bastará con utilizar un material teóricamente reciclable si tintas, adhesivos, etiquetas, recubrimientos, cierres o combinaciones de materiales dificultan su tratamiento.
Aquí aparece una cuestión especialmente relevante para el marcaje industrial: en determinados proyectos, la impresión directa o el marcaje permanente pueden ayudar a reducir componentes adicionales. No obstante, cada aplicación debe estudiarse técnicamente para comprobar que el sistema seleccionado es compatible con el material, la función del envase y su proceso de reciclaje.
Contenido reciclado en envases plásticos
El PPWR establece objetivos mínimos de contenido reciclado para determinadas categorías de envases plásticos, con calendarios que avanzan hacia 2030 y 2040. Los porcentajes y condiciones no serán iguales para todos los envases, ya que dependerán de aspectos como el material, el uso y determinadas excepciones previstas en la norma.
Para las empresas, esto supone una nueva necesidad de control documental. Será importante poder relacionar cada referencia de envase con información fiable sobre:
- Material empleado.
- Proveedor y lote.
- Porcentaje de material reciclado.
- Declaraciones o documentación justificativa.
- Producto y mercado al que se ha destinado.
La trazabilidad ya no deberá limitarse al contenido del envase. También tendrá que abarcar, cada vez más, el propio packaging.
Reutilización, rellenado y sistemas de retorno
El Reglamento incorpora objetivos y requisitos de reutilización para determinadas categorías y operadores. Esto puede afectar especialmente a algunos envases de transporte, embalajes agrupados y formatos de bebidas, aunque existen condiciones, calendarios y excepciones que deben revisarse caso por caso.
Un envase reutilizable necesita una trazabilidad distinta a la de un envase de un solo uso. La empresa puede necesitar controlar:
- Cuántos ciclos ha realizado.
- Cuándo fue puesto en circulación.
- Qué operaciones de inspección o reacondicionamiento ha recibido.
- Si continúa siendo apto para su uso.
- A qué cliente, centro o instalación fue enviado.
- Cuándo debe retirarse del circuito.
En este escenario, los identificadores únicos, códigos QR, códigos Datamatrix, etiquetas logísticas y sistemas de lectura automática pueden convertirse en herramientas esenciales.

¿Cómo cambiará el etiquetado de los envases?
Uno de los puntos más visibles del PPWR será la armonización del etiquetado para facilitar que los usuarios identifiquen la composición del envase y lo depositen correctamente.
La norma establece que, desde el 12 de agosto de 2028 o 24 meses después de la entrada en vigor de los actos de ejecución correspondientes (la fecha que sea posterior), los envases comercializados deberán incorporar una etiqueta armonizada con información sobre su composición material. Esta identificación se basará en pictogramas y deberá resultar comprensible y accesible.
Para los envases reutilizables, el Reglamento contempla una identificación específica desde el 12 de febrero de 2029 o 30 meses después del acto de ejecución correspondiente, aplicándose la fecha posterior.
Además, determinados datos podrán complementarse mediante un código QR u otro soporte digital estandarizado y abierto. Estos recursos pueden ampliar la información disponible sin saturar gráficamente el envase, aunque no sustituyen automáticamente todos los elementos que deban mostrarse físicamente.
Ejemplo práctico: una caja de transporte reutilizable
Imaginemos una empresa que distribuye componentes mediante cajas reutilizables. Cada caja incorpora un código Datamatrix único aplicado mediante marcaje directo o una etiqueta resistente. Cuando la caja sale de la planta, el sistema registra:
- Su identificador individual.
- El lote de componentes transportado.
- El cliente de destino.
- La fecha de expedición.
- El número de ciclos acumulados.
Al regresar, el código se lee automáticamente. El sistema actualiza el ciclo, registra la inspección y determina si la caja puede volver a utilizarse o debe retirarse.
Este tipo de proceso permite mejorar la gestión de activos, reducir pérdidas, controlar la vida útil del embalaje y disponer de evidencias verificables. Es un ejemplo de cómo los objetivos de reutilización pueden traducirse en una necesidad real de identificación y trazabilidad.
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El PPWR no debe verse únicamente como una obligación legal. También representa una oportunidad para revisar procesos, reducir errores, controlar mejor los envases y construir una cadena de suministro más eficiente.
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